Por qué tengo lesiones mecánicas
La importancia del examen de la pisada y su repercusión.
Desde que el individuo está sometido a las fuerzas de la gravedad debe enfrentarse diariamente a miles de impactos en su aparato locomotor, la forma de enfrentarse a estos impactos y las peculiaridades del desplazamiento están descritas en los tratados de biomecánica, si existe un gesto repetitivo que podemos estudiar es la forma de caminar del individuo. En ella encontraremos la etiología de muchas patologías que en la actualidad se meten en el saco de las “artrosis” o “idiopáticas” o sencillamente no se plantea su etiología. Así pues, el estudio de la marcha del individuo puede dar respuesta al origen de muchos de los dolores como metatarsalgias, talalgias, dolor rodilla, dolores de cadera, lumbalgias, falsas ciáticas...
La forma de caminar es propia de cada individuo, se va configurando durante nuestro desarrollo y depende de muchos factores como la herencia genética, la forma de nuestros huesos, la fuerza de nuestros músculos... etc. De este modo, nuestros movimientos, la forma de caminar, pararnos, de abrazar, son rasgos personales compartidos con nuestros familiares que nos identifican ante los demás mucho antes de que se nos puedan distinguir las facciones o el tono de nuestra voz llegue hasta los oídos de quien nos espera.

Para reflejar la importancia de nuestra forma de caminar, aportamos unos datos significativos:
Cada día los pies contactan con el suelo hasta 15000 veces y ello hace que nuestro cuerpo tenga que soportar unas 700 toneladas al día. Si se camina de modo inadecuado resulta muy lesivo para las articulaciones.
Si los pies no funcionan correctamente este peso puede lesionar otras articulaciones como la rodilla, cadera, espalda ...
Sólo en los pies tenemos 55 articulaciones y 56 huesos. Sin embargo en las piernas únicamente tenemos 6 articulaciones.
La mayoría de pacientes con problemas de rodilla tiene también problemas en los pies.
Un dolor de pies puede cambiarle hasta el carácter.
Cada pie se encuentra constituido por 28 huesos que forman un total de 55 articulaciones diferentes, músculos intrínsecos, ligamentos y tendones de músculos extrínsecos de la pierna. Todos ellos determinan cual va a ser la función del pie durante la marcha. Muchas de las patologías del pie y miembro inferior se derivan de movimientos anormales en los complejos articulares de la estructura del pie. Estas anormalidades pueden ser también causa de problemas en la rodilla, cadera y espalda. La presencia de juanetes, dedos en garra, dolor en el talón/espolón calcáneo, metatarsalgia, hiperqueratosis o callosidades son indicadores de una mala función en el pie.
Asimismo en numerosos estudios se han relacionado problemas en la rodilla, cadera y dolor de espalda con una mala función del pie durante la marcha. La mayoría de estos problemas se van instaurando de forma lenta y progresiva, de tal forma que la aparición de dolor en cualquiera de estas localizaciones es debida, en la mayoría de los casos, a un proceso biomecánico anormal de varios años de evolución.
Como todas las alteraciones de carácter progresivo, es conveniente iniciar el tratamiento lo antes posible. Es importante visitar a su podólogo cuando aparezcan los primeros síntomas y/o dolores. El podólogo es el profesional sanitario específicamente entrenado y cualificado en el estudio, diagnóstico y tratamiento de las alteraciones y deformidades del pie. Hay que tener en cuenta que el tratamiento quirúrgico de estas deformidades de forma aislada no soluciona la etiología de la lesión. Para actuar correctamente sobre estas alteraciones debe utilizarse un tratamiento que controle la función anormal del pie durante la marcha. Se ha demostrado que el tratamiento más eficaz en el control de los movimientos anormales del pie son las ortesis funcionales fabricadas a medida según la patología específica del paciente. Si se desea un resultado eficaz con el tratamiento la ortesis debe ser realizada con las especificaciones únicas relativas a cada paciente. La ortesis funcional se fabrica para acomodarse en un zapato normal, ya que si el paciente no la va a utilizar el tratamiento evidentemente fracasará.
La artrosis y la forma de caminar
Dadas las tendencias demográficas actuales, parece que el número de afectados de artritis va a crecer en las próximas décadas. Se prevé que para el 2020, el número de personas con artritis aumente aproximadamente un 50 por ciento. Algunos especialistas han apodado a la osteoartritis como "la enfermedad del siglo XXI". El mayor acceso a Internet y el incremento de la publicidad directa al consumidor en países como Estados Unidos, donde esta enfermedad afecta a unos 21 millones de habitantes, también afectará a los índices de diagnóstico, ya que las personas son cada vez más conscientes de esta enfermedad y solicitan ayuda médica con más frecuencia.
La artrosis (conocida también como osteoartritis u OA), la forma más común de artritis, se da en mayor medida en personas de la tercera edad. A pesar de que todos los tejidos articulares, entre ellos los músculos, se ven afectados por el proceso de la artrosis los cambios principales son la pérdida focal del cartílago articular y el alargamiento de los huesos en los márgenes articulares. La artrosis es la causa principal de morbosidad, discapacidad y aislamiento social, en particular cuando afecta a la cadera y las rodillas. La prevalencia de la artrosis está estrechamente relacionada con la edad; el 50% de las personas mayores de 65 años muestran signos radiológicos de la enfermedad y la enfermedad afecta a más del 80% de la población mayor de 80 años.
La artrosis interfiere en la calidad de vida debido al dolor y la pérdida de movilidad
La artrosis es una enfermedad de lenta evolución. Varía de manera importante en términos de gravedad y presentación, desde la ausencia de síntomas a la discapacidad grave. Puede interferir en el modo de vida de los pacientes en dos sentidos: dolor y pérdida de funciones y movilidad. A pesar de que casi cualquier articulación puede verse afectada por la artrosis, esta dolencia se localiza principalmente en las articulaciones de la mano, las rodillas, la cadera y las pequeñas articulaciones de la columna. Entre sus síntomas se incluyen el desarrollo gradual de dolor en las rodillas, entumecimiento y limitación de los movimientos. Una reciente encuesta entre pacientes con osteoartritis seleccionados en Gran Bretaña reveló que más del 80% de estos padecían dolor constante.
El origen de la artrosis es multifactorial, con causas medioambientales y factores genéticos
La artrosis es una compleja enfermedad común que puede ser el resultado de numerosos factores de riesgo genéticos, medioambientales y determinados por el estilo de vida. Éstos pueden estar relacionados con la constitución general de la persona y con su situación, como puede ser el envejecimiento, ser mujer, tener una alta densidad ósea o padecer sobrepeso. De modo determinante y sobre todo para las articulaciones de las piernas (tobillos, rodilla, cadera) influye la forma de caminar, de repartir los impactos que recibimos del suelo a través de estas articulaciones.
De este modo un individuo que tienda a volcar en exceso los pies hacia dentro (pronación), su rodilla soportará mucho más peso por el lado externo que por el interno, y esto multiplicado por el número de pasos diarios, por 365 días y por el número de años de vida adulta implicará un desgaste muy importante en la zona externa de la rodilla.
De modo alternativo, puede ser el resultado de factores biomecánicos más concretos como daños articulares, transporte habitual de cargas pesadas en el trabajo, formación o alineación articular inadecuada desde el nacimiento. A pesar de que se desconocen los mecanismos genéticos, hay una gran susceptibilidad genética a padecer artrosis en la cadera, rodillas y manos, así como tendencia a desarrollar artrosis en múltiples articulaciones (osteoartritis múltiple). Los cambios bioquímicos y estructurales en las articulaciones difieren entre el envejecimiento normal y la artrosis. Por ese motivo, al hablar de esta enfermedad no nos estamos refiriendo a una dolencia estrictamente característica del envejecimiento. Simplemente es más común en las personas mayores porque los mecanismos implicados necesitan mucho tiempo para desarrollar la etapa en la que aparecen los signos clínicos. La razón de la distribución característica de la artrosis se desconoce, pero puede estar asociada a nuestra evolución más reciente, en la que ha sido necesario que algunas articulaciones (manos, cadera, rodillas, cuello y espalda) sufran importantes cambios. Puede que estas articulaciones aún no se hayan adaptado a los nuevos requisitos funcionales haciendo que "fallen" mecánicamente de manera más fácil que otras articulaciones completamente adaptadas.